Con motivo del Día de la Afrocolombianidad 2016, este 21 de mayo, el Instituto sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos expresa su reconocimiento y admiración a las comunidades afrocolombianas que aun ante la exclusión, la discriminación racial y la violencia mantienen su proyecto histórico colectivo de defensa de la vida y la autonomía. Hoy, en las áreas rurales más apartadas, y también en los contextos urbanos, esas comunidades continúan ofreciéndole a toda la sociedad lo mejor de sus esfuerzos productivos, culturales y políticos.

Desafortunadamente, la defensa de los derechos étnico-territoriales que han conquistado, y que finalmente fueron reconocidos formalmente a partir de la Constitución de 1991, ha resultado demasiado costosa. En este Día de la Afrocolombianidad 2016 se debe rendir homenaje a los miles de afrocolombianos y afrocolombianas que han sido asesinados por defender esos derechos; a  más de un millón que han sido expulsados de sus tierras ancestrales hacia condiciones de marginalidad en los contextos urbanos; a las miles de mujeres afrocolombianas víctimas de violencia sexual, a todas y todos los afrocolombianos que han visto profundizada su exclusión como consecuencia de los impactos del conflicto armado colombiano.

Este Día de la Afrocolombianidad de 2016 debería haber coincidido con transformaciones institucionales que garantizaran la participación efectiva de las comunidades y organizaciones en el proceso histórico de la terminación del conflicto armado y el inicio de la construcción de una paz sostenible. Pero la forma en que han sido excluidas,  hasta ahora,  de la negociación de  un conflicto en el que ellas y las comunidades indígenas han sido las mayores victimas, y cuyos acuerdos afectarán sus derechos étnico-territoriales, está manteniendo mecanismos de exclusión que precisamente se iniciaron con el hecho histórico que oficialmente se celebra.

La ley de abolición de la esclavitud expedida el 21 de mayo de 1851, básicamente se ocupó de indemnizar económicamente a los dueños de esclavos sin ofrecer ninguna medida de reparación o condición adecuada para que los esclavos “liberados” pudieran ejercer su ciudadanía. La trayectoria legislativa que reforzó esa exclusión por más de un siglo pareció transformarse a partir de la Constitución de 1991 y la Ley 70 de 1993, que como resultado de la movilización de las comunidades obligó al Estado colombiano a reconocer formalmente sus derechos étnico-territoriales. Pero este Día de la Afrocolombianidad de 2016, en vez de estar celebrando su plena implementación, estamos reiterando la frustración de que después de 23 años, el Estado colombiano no ha reglamentado aspectos de la Ley que son críticos para el ejercicio pleno de los derechos reconocidos. Y esos aspectos se refieren a derechos ambientales, mineros, y autonomía para planear el desarrollo, que se pueden  ver afectados negativamente por la implementación de los Acuerdos de Paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP).

Este Día de la Afrocolombianidad 2016 deberíamos estar celebrando la inclusión de un enfoque diferencial étnico en los textos de esos Acuerdos de Paz, como respuesta a los espacios de dialogo que la Mesa de Negociaciones debía haber garantizado a los representantes de las comunidades más impactadas por el conflicto armado. Pero a la fecha, las solicitudes de las organizaciones no han tenido respuesta formal de la Mesa. Las comunidades afrocolombianas, que han apoyado el proceso de negociación desde sus inicios han sido ignoradas a pesar de que sus análisis y propuestas ofrecen alternativas específicas, no solamente para garantizar sus derechos adquiridos en el post-acuerdo, sino para fortalecer las condiciones de una paz sostenible para todo el país.

Lo que si podemos celebrar con certeza este Día de la Afrocolombianidad 2016 es la vigencia del espíritu libertario de las comunidades afrocolombianas que continua guiando a la sociedad colombiana.