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La activista cubana Aymara Nieto, un año después de comenzar una nueva vida en República Dominicana

La activista cubana Aymara Nieto, un año después de comenzar una nueva vida en República Dominicana

El año transcurrido desde que Aymara Nieto aterrizara en Santo Domingo, República Dominicana, procedente de La Habana representa el tiempo de libertad reconquistada, pero también de distancias e incertidumbres varias. Muchos acontecimientos sucedieron a nivel mundial desde entonces: la geopolítica se ha reconfigurado, los cambios han sobrevenido y la vida de quien fuera una reconocida integrante de las Damas de Blanco, el movimiento ciudadano de oposición pacífica fundado en 2003 por familiares de disidentes encarcelados, también se ha transformado. Hoy, luego de un intenso período de adaptación a su nueva realidad y tras lo que describe como un profundo encuentro con la fe, nos concede esta entrevista.

En agosto de 2025, tras más de seis años de prisión política y acoso, fuiste obligada a exiliarte en República Dominicana, ¿cómo ha sido el proceso de reconstruir tu vida lejos de tu patria y cuáles han sido los mayores desafíos de adaptación durante este periodo?

“Ha sido una experiencia muy fuerte para mí, para mi familia, ya que se me obligó a salir de mi país por defender, en mi patria, los derechos humanos y la libertad de los presos políticos. 

Cuando llegué a RD, fui acogida por hermanos de lucha de la ‘Fundación Cubano Americana’. Y tengo una relación muy especial con quienes me recibieron, que desde el encuentro en el aeropuerto nos brindaron su casa sin ningún tipo de interés. Me apoyaron, y todavía son mis padres adoptivos aquí, pues todos los días mantenemos esa comunión de que yo soy su hija. Con ellos celebramos el cumpleaños de la niña, los aniversarios de nosotros. La verdad es que ha sido algo muy bueno en mi vida: contar con personas con valores, que al enterarse de que hemos pasado por cosas tan malas como familia, nos han dado ese soporte cual allegados cercanos.

A pesar de que todavía no tengo papeles aquí y no he podido realizar trabajos formales, me dedico a limpiar casas y hay que estirar ingresos mínimos pues aún no se me permite laborar legalmente, sobrevivo porque tengo la fuerza y tengo algo mayor: hemos encontrado a Dios. 

Somos cristianos pentecostales. Mi hija más pequeña se está adoctrinando ahora; dentro de poco se bautiza, yo ya me bauticé. Y el visitar la iglesia, estar en comunión con el Señor, ponerlo en primer lugar de nuestras vidas, conocerlo, todo esto ha sido muy positivo. Han sanado las heridas, hemos sabido perdonar todo el daño que nos hicieron”.

Durante tu prisión sufriste traslados punitivos a cientos de kilómetros de tu familia, celdas de castigo y falta de atención médica. ¿Cuál es tu estado de salud actual y cómo evoluciona la recuperación física y psicológica de esas secuelas?

“Sufrí mucho: retaliaciones, traslados, castigos. Yo estaba en la prisión de La Habana, en El Guatao, llamada Prisión de Mujeres del Occidente, y fui trasladada para la prisión provincial de Las Tunas, la Prisión Provincial Típico Nuevo, a más de 700 kilómetros de distancia de los míos.

Allí me sometieron a celdas de aislamiento sin haber cometido delito alguno. Solo porque mi esposo hacía denuncias en los medios, me mantenían castigada, me retiraban el acceso al teléfono y me humillaban verbal y físicamente. Además, la atención médica en la prisión era deficiente: faltaban medicamentos y asistencia sanitaria básica.

Debido a mi firmeza, mi resistencia en la lucha, al apoyo internacional y a mi pertenencia a organizaciones opositoras, la represión en mi contra se intensificó al máximo.

Era muy difícil. Estuve dos años sin ver prácticamente a nadie. Como atravesábamos la pandemia del COVID y la cuarentena, mi familia no podía trasladarse a Las Tunas pues se había suspendido el transporte. Yo duré dos años y ocho meses allí y solo tuve una visita. Fue duro. Y el saber que había una epidemia mortal, que estaban muriendo muchas personas mientras yo estaba en una celda, hacía mayor la angustia.

Yo clamé a Dios por mi gente, que me la librara de aquello y que todo lo malo del mundo me pasara a mí y los salvara de la enfermedad y de las tantas cosas que estaban sucediendo en esos momentos. Fue muy fuerte para mí, para nosotros.

Hoy la fe ha transformado por completo mi vida y la de mi entorno. Gracias a eso puedo decir que estoy curada de las afecciones de salud que padecí en prisión; por ejemplo, sufría de hipertensión, pero desde que puse mi vida en manos del Señor no he vuelto a tener episodios ni secuelas. Perdoné todo lo que me hicieron, para que Dios tome el control sobre los abusos cometidos contra mí, contra los presos políticos y contra el pueblo cubano.

Mi familia también ha encontrado el sendero de la espiritualidad y eso nos ha permitido reconstruirnos. A pesar de estar aún separados, mi hija mayor vive en Cuba con mi mamá y mis cuatro nietas, la creencia ha restaurado nuestras vidas. Quisiera ser un testimonio para los presos políticos y sus familiares: les exhorto a buscar a Dios y ponerlo en primer lugar para superar los obstáculos frente a la dictadura”.

Es conocido lo doloroso que fue separarte de tus tres hijas, dos de ellas menores al momento de tu arresto y el papel crucial de tu madre apoyándote. ¿Cómo se encuentra tu núcleo familiar y de qué manera han afrontado las secuelas emocionales de la cárcel, el distanciamiento prolongado y el exilio?

Yo no quería abandonar Cuba; en todas las entrevistas lo decía: que tendrían que matarme en mi tierra. 

Sin embargo, cuando me plantean el ultimátum de que o me iba del país o no saldría de prisión, tuve que pensar en mis hijas, que ya eran adolescentes (cuando me arrestaron las menores tenían solo cinco y nueve años). Ahí me detuve a reflexionar. Si no fuera por mis niñas, yo todavía estaría en prisión. Por ellas finalmente acepté. 

Al llegar al exilio necesité volver a conocerlas. No sabía sobre sus nuevos gustos ni sus personalidades, y ellas apenas tenían memoria de la convivencia conmigo ni del trato maternal. Nos tocó rehacer nuestra relación familiar desde cero.

Al principio tuve una crisis. Cuando pasan todas esas cosas, la coraza que uno tiene ante cualquier situación para que nadie te vea flaquear, se quiebra. Pasé por una depresión muy grande, de unos dos meses. No tenía ánimos de bañarme, de peinarme, ni de comer, ni de nada. Y de ahí me levantó la oración, porque fue algo muy terrible.

Pero ya estoy bien. Estoy como que, no lo vas a creer, hermano, pero como que yo no pasé por nada de eso. Me siento así pues Dios me ha quitado toda la angustia, toda la tristeza, toda la tensión que tuve que enfrentar; porque cuando uno es preso político en una dictadura, también tiene que lidiar con los presos comunes, con los guardias, con la Seguridad del Estado, y debes mantener tu mente muy alerta porque te pueden hasta matar.

Hoy estamos en armonía y con mucho amor; en mi casa no se discute, todo se habla bajo la paz y el gozo del espíritu. Hemos dejado el dolor atrás. 

Mi madre sí sufre todavía. Ella no ha tenido este proceso de fe, carga con el peso de los siete años que estuve encarcelada y la lejanía actual. Hemos completado un año más separadas donde solo nos comunicamos por videollamadas cuando la red lo permite, pues los constantes apagones en Cuba hacen imposible la comunicación. 

También quiero reflejar que mi hija mayor está embarazada, ya casi al parir, ingresada en el Hospital Nacional, y yo… es el cuarto nieto con el que no voy a poder ayudarla, con el que no voy a poder estar”.

Están documentadas las detenciones arbitrarias y la persecución constante contra tu esposo, Ismael Boris Reñí. ¿Cuál es su situación actual y la de tus compañeros de causa que permanecen en Cuba?

“Mi esposo, Ismael Boris Reñí, sufrió persecución constante en la Isla. Afortunadamente, ya se encuentra conmigo aquí en República Dominicana, donde podemos vivir sin el acoso diario del régimen.

Pero no ocurre lo mismo con muchos de nuestros compañeros. Activistas como Roberto Ferrer, aunque han salido de la cárcel, se hallan en ‘libertad condicional’, lo que equivale a estar recluidos en sus propios hogares bajo la vigilancia de la Seguridad del Estado.

Otros casos son aún más graves, como el de Yunaykis Linares, presa política del 11J, a quien le revocaron la libertad condicional concedida tras la mediación del Vaticano y la reingresaron en prisión para cumplir los tres años restantes de su condena. Muchos otros manifestantes del 11J continúan encarcelados. La represión no para.”

Desde 2013 contabas con medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el acompañamiento de Raza e Igualdad. ¿Qué eficacia tuvieron estas herramientas?

“Conté con el respaldo fundamental de muchas organizaciones. He sido parte de las Damas de Blanco, la UNPACU (Unión Patriótica de Cuba), Cuba Decide y el Foro por los Derechos y Libertades. Durante mi encarcelamiento recibí el apoyo constante de líderes como Berta Soler, Claudio Fuentes, Rosa María Payá y José Daniel Ferrer, así como de redes internacionales en Europa y Estados Unidos.

El acompañamiento de la CIDH y de Raza e Igualdad fue decisivo. La presión que ejercieron las medidas cautelares e informes de estas instituciones fue determinante para que el régimen prefiriera mandarme al destierro antes que mantenerme en prisión, dada la visibilidad que había alcanzado mi caso.”

Tu excarcelación no representó la libertad plena, sino una nueva condena: la del exilio forzado. ¿Cómo evalúas el uso sistemático de la expulsión del país para desarticular el liderazgo opositor?

“El exilio forzado sigue siendo la herramienta principal del régimen para neutralizar el liderazgo opositor. En mi caso, tras haber cumplido una condena previa de un año, salí a las calles con el mismo compromiso activista. Por ello, en esta última ocasión, los oficiales de la Seguridad del Estado me notificaron explícitamente que las calles de Cuba estaban prohibidas para mí y que la única vía para salir de la cárcel era abandonar el país. Sí, es un mecanismo sistemático para vaciar a la oposición interna.”

 

Siempre reiteraste tu compromiso de exigir la liberación de los presos políticos, ¿cómo mantienes la articulación con los movimientos de derechos humanos desde el exterior?

“Me mantengo totalmente activa en el exilio. Sigo colaborando de cerca con las Damas de Blanco, UNPACU y Cuba Decide. Participo activamente en las manifestaciones y actividades organizadas por la Asociación Cubano Dominicana y otros grupos de exiliados para visibilizar la causa cubana. Hago un llamado constante a la unidad de todos los hermanos en el exilio para exigir la liberación de los prisioneros políticos y elaborar mecanismos de presión contra el régimen. Yo firmo cada petición que me envían a favor de un cambio para Cuba y de la libertad de los prisioneros; mi firma siempre estará ahí.

Siento profundamente el sufrimiento de los presos políticos. Si la situación en las cárceles era grave durante mi reclusión, hoy es más crítica debido al colapso del sistema eléctrico nacional: la falta de energía impide la conservación de los pocos alimentos que hay y no permite el bombeo de agua potable, por ejemplo. Los familiares a menudo no pueden hacer las visitas porque no tienen nada de comida para llevar o no hay transporte para trasladarse. La crisis en las prisiones y en la sociedad cubana es absoluta.”

Como mencionas, en la Cuba actual, la honda crisis socioeconómica y la represión continuada agravan el escenario, ¿cuál es tu lectura de la situación de los derechos humanos en las cárceles y en la sociedad cubana?

“La situación en Cuba es insostenible. La escasez de agua, alimentos y electricidad ya ha alcanzado niveles extremos. Esta debacle trae consigo, además, el aumento de la violencia social, de los robos y la desesperación entre la población.

El deterioro en las prisiones va paralelo al del país. La mayoría de los cubanos sobrevive en condiciones francamente deplorables, mientras que una minoría que tiene acceso a remesas del extranjero, algunos pequeños negocios o empresas vinculadas a la cúpula gubernamental mantienen un nivel de vida muy distante del resto. El colapso económico está desencadenando, además, consecuencias sociales severas, como el incremento en los homicidios, feminicidios y suicidios. Sin un cambio político drástico, el escenario solo puede continuar empeorando.”

Para concluir, ¿qué mensaje envías a las defensoras de derechos humanos que permanecen encarceladas y qué llamado haces a la comunidad internacional?

“Les digo por experiencia propia que aun en el punto más oscuro hay esperanza. Pido a los presos políticos y a sus familias mantener la fe y no cesar en las denuncias, las protestas y las demandas de liberación. La comunidad internacional, la ONU y los movimientos en el exilio deben también intensificar la presión sobre el régimen hasta lograr la libertad de todos los prisioneros de conciencia.

A quienes nos han apoyado y a las organizaciones que defienden nuestra causa, les expreso una vez más mi sincero agradecimiento. 

Los cubanos dentro y fuera de la Isla tenemos que mantenernos unidos. No están solos; desde el exilio continuaremos alzando la voz por la libertad. Sigo pidiendo a Dios que traiga un cambio a mi país, para que quienes sufrimos el destierro forzoso podamos regresar a Cuba, nuestra casa.

Que así sea. Gracias, Aymara.



“Estoy como en esa especie de limbo que era la prisión”: Luis Manuel Otero Alcántara, artista cubano en el exilio

Miami, 7 de octubre de 2026 – Luis Manuel Otero Alcántara, el artista cubano que desde el pasado 18 de julio reside en Miami, Estados Unidos, responde claro y contundente las preguntas a esta entrevista. En la habitación donde llegó luego de cumplir cinco años en la cárcel de máxima seguridad de Guanajay, en el oeste de Cuba, y tras ser beneficiario del programa Parole humanitario del gobierno estadounidense, él habla sobre la Isla, su familia, el Movimiento San Isidro (MSI), la migración, el arte, y las obras con las que denuncia a la dictadura que por años se ha tomado Cuba.

A continuación la entrevista del Instituto sobre Raza Igualdad y Derechos Humanos al artista cubano, recortada para mayor claridad.

Ahora que estás en libertad, ¿en qué piensas frecuentemente? 

Siempre pienso en Cuba, siempre pienso en el arte, en cómo el arte va a seguir funcionando como una herramienta viva que aporta a la sociedad, tanto cubana como fuera de Cuba. Pienso en Cuba, en los que se quedaron atrás, en esa gente que ahora mismo no puede tomar agua potable porque no hay condiciones; que no hay corriente, que no hay vida en Cuba. Pienso en eso.

¿Piensas desde la ansiedad o desde un lugar de reflexión que te lleva a preguntarte: “¿qué más puedes hacer”?

Yo creo que un poco de ambas, yo creo que un poco de ansiedad porque el lugar donde estoy ahora mismo es un lugar desconocido, es un lugar que muestra retos gigantes. Estás desprovisto de un hogar ahora mismo… Tienes que tener una renta, tienes que tener un lugar donde existir. Después has hecho un montón de trabajo que te antecede, pero indiscutiblemente el mundo que viene ahora es mucho más; tienes que volver a conquistar como un nuevo espacio ahí dentro del imaginario popular fuera de Cuba. También quieres que tu trabajo, el arte, tenga esos lugares, esos nichos de reconocimiento occidental, de reconocimiento mundial, porque a partir de ahí es que puedes también seguir trabajando en pro de Cuba. Y después, ¿qué falta por hacer por Cuba? ¿Cuáles son las nuevas ideas que tienen que venir a tu cabeza para salir a trabajar por Cuba? Sufro esa realidad todos los días aún en la distancia, aún desde el exilio.

¿Cuánto tiempo tardaste en tomar la decisión de salir al exilio?

La decisión de salir al exilio tuvo varias etapas. Al año y seis meses de estar preso, yo decidí irme porque me di cuenta del impacto, de lo gigante que habíamos hecho, y que la dictadura cubana no se iba a permitir que Luis Manuel Otero Alcántara caminara por la calle. Después sigo pasando el tiempo y seguía aceptando y hubo un momento donde ya se me está acercando la salida. Tenía la posibilidad de decidir: no me voy de Cuba, si ya pasó los cinco años. Pero ahí sí reafirmé, sobre todo cuando me llevan a la casa cerca de la playa, la casa de la Seguridad del Estado. Cuando me llevan a esa casa, me di cuenta de que no había posibilidad de caminar por las calles. Inclusive, el tratamiento de la Seguridad del Estado en ese entonces ya era de que te vas porque te vas. Vamos a ceder todo lo que podamos pero es para que te vayas, no es para que tú vivas en Cuba, porque no vas a caminar por Cuba. Cuando ves todo ese aparato construido en función de que tú te vas es porque tú eres importante. Inclusive, hubo un momento donde me sacaron, entonces era como la cabeza, no podía mencionar mi nombre. Mi nombre era como algo prohibido mencionarlo. Yo decía: ‘Bueno, parece que sí, tú tienes un impacto en la sociedad y por supuesto que la dictadura no va a permitir su muerte, su propia muerte’, ¿entiendes? Y ahí es cuando me doy cuenta de que dentro de Cuba iba a ser imposible seguir trabajando. Yo podía montarme una tabla radical de quedarme en la casa, pero me iba a quedar en la casa sin internet, sin herramientas para poder seguir aportando; y es cuando decidí salir del exilio.

¿Qué se siente estar andando por la calle sin que te estén vigilando?

Todavía estoy traumado con la vigilancia. Cuando entro aquí al espacio, que voy a entrar por la calle, y pasa un carro, siento como que ese carro viene para mí. Los otros días estaba parado afuera, había una patrulla de policía en la esquina y al momento mi cuerpo regresó a aquel sitio de La Habana. Yo siento que todavía estoy vigilado, siento que donde quiera que me mueva hay un ojo de la Seguridad del Estado y del régimen cubano como pendiente de mí.

De las obras y los performances que has realizado, ¿cuál ha sido el más simbólico y más fuerte a la hora de retratar al régimen cubano?

Yo creo que mi obra en general es un testimonio vivo de esa relación dictadura tratando de descarchar el arte que le es incómodo, tratando de descarchar el arte que es comprometido con la gente… En mi trabajo siempre me comprometí con que llegara a la gente, con que hiciera pensar al individuo que camina por las calles, al individuo que hace las colas, al individuo que sufre la dictadura desde lo más primario… Y no creo que haya una obra específica, sino en mi conjunto, en mi propio cuerpo performático, mi propio cuerpo cultural, activista, artista, es la gran obra.

¿Qué ha sido lo más gratificante de haber creado el Movimiento San Isidro?

Yo creo que lo más gratificante de haber generado o de haber formado parte del Movimiento San Isidro es, primero que todo, haber demostrado que el arte era una herramienta de cambio real; no solamente un comentario político, no solamente la expresión de un artista, sino demostrar que una herramienta poderosa como el arte sirve para cambiar las cosas de primera mano, no a través de terceros ni a través de cuartos… Yo creo que para mí fue lo más importante y, por supuesto, ver en el terreno cómo una sociedad cambia de estado de terror, estado de miedo a volverse una sociedad cívica, a volverse una sociedad que podía ser capaz de tomar las riendas de su futuro inmediato y a largo plazo. Y partió de un proyecto cultural, un proyecto artístico como se llamó el MSI. Para mí la historia de Cuba está en San Isidro, pues como están muchos otros proyectos como el proyecto Varela,  y otros tantos proyectos como las Damas de Blanco, UNPACU, yo creo que San Isidro también forma parte de ese sitio de la historia reciente y forma parte también de la memoria colectiva y de esos cubanos que se sacrificaron porque Cuba fuera un sitio mejor, y eso me encantaría que así se recogiera en la historia.

Ahora que estás en el exilio, ¿cómo ves Cuba? ¿En qué cambia la mirada? 

Me cuesta trabajo responder esa pregunta porque todavía no creo que haya aterrizado. Estoy como en esa especie de limbo que era la prisión, esa especie de limbo que fue después estar en esta casa, esa especie de limbo que es montarte en un avión así y aterrizar en un sitio con toda una cantidad de información que tu cerebro está procesando. 

¿Qué fue lo más difícil de estar en prisión?

Brother, lo más difícil de estar en prisión es la prisión. La prisión es un sitio horrible. La prisión es un sitio que si pudiera como describírtelo con palabras, no se puede describir con palabras. De hecho, traje una serie de obras. Mis pinturas van a hacer un aporte a entender. Por ejemplo, hay una serie que hice que eran como unos agujeros negros, que tú sientes que estás como en una especie de limbo, como esas pesadillas que tú te caes al vacío y nunca llegas al fondo y siempre estás con esa ansiedad. Yo recuerdo la última vez que estuve en un parque de diversiones, que me montaron un aparato: eso que era como un barco y yo estuve como en la punta esa que subía para arriba, y esa sensación de bajar para abajo, que tú sientes como eso que te vas a morir. Esa adrenalina que es tóxica, es lo que tú sientes en la prisión a diario. Tú sientes que estás en un vacío que no llegas al fin. Inclusive ya después que sales, sigue estando ese vacío como muy perenne en ti durante mucho tiempo. Literalmente, tú lo que sientes en la prisión es que estás asfixiado. Esa sensación de ahogo que no te entra aire. 

Si pudieras explicar lo que pasa en Cuba a personas que no son de la Isla, ¿qué les dirías? ¿Por qué no se puede ‘romantizar’ lo que está ocurriendo?

Primero, no se puede romantizar, no se puede, es imposible romantizarlo; es imposible inclusive banalizar lo que la gente pasa en Cuba, es imposible tenerle cariño a una dictadura. Cuando alguien venga a decirme a mí algo sobre Cuba, que me estén hablando de la utopía o me estén hablando del bloqueo, del embargo, que los americanos; les diré que en Cuba lo que hay es una dictadura. En Cuba hay más de mil presos políticos. Y los presos políticos que hay ahora mismo no son ni siquiera activistas, ni son opositores. Son niños, jóvenes, mujeres que salieron a la calle a exigir un nuevo sistema político, un nuevo sistema económico. Entonces, si alguien romantiza eso es cómplice de la dictadura, es cómplice de las malas personas que están dirigiendo ahora mismo ese país. Estamos hablando de que hoy, a lo mejor hace 50 años atrás, 40 años atrás no había internet, nadie podía ver lo que pasaba en Cuba y tenías que guiarte por la propaganda del régimen. Pero ahora mismo que el día 11 de julio está ahí, que hay más de mil presos políticos, que hay más de no sé cuántas mil denuncias, si tú ahora mismo vives en una burbuja ese romanticismo, tu eres una mala persona. Tú eres una mala persona porque eres cómplice de una dictadura y yo con dictadores no quiero negocio, ni con sus cómplices menos les voy a aguantar la justificación del romanticismo. No son románticos, son asesinos.

***

Desde el instituto sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos hacemos eco a las denuncias hechas por Luis Manuel Otero Alcántara. También condenamos el exilio forzado del que han sido víctimas este artista cubano y otras personas activistas, periodistas independientes y defensoras de los derechos humanos. Instamos al régimen autoritario de Cuba que cese la represión, libere a las personas privadas de libertad por motivos políticos e inicie una transición democrática que proteja los derechos fundamentales de las personas cubanas, dentro y fuera de la Isla.



En Cuba, el racismo persiste detrás del discurso de igualdad

Washington D. C., 8 de septiembre de 2026 – El pasado 31 de agosto se conmemoró el Día Internacional de las Personas Afrodescendientes, una fecha para visibilizar la lucha contra el racismo y reafirmar la necesidad de avanzar hacia sociedades más igualitarias. En Cuba, informes de organizaciones de la sociedad civil y las observaciones del Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) advierten sobre la persistencia de desigualdades estructurales que afectan a la población afrodescendiente.

Durante décadas, el discurso oficial cubano ha presentado la Revolución de 1959 como el momento en que la discriminación racial quedó atrás. Sin embargo, más de seis décadas después, persisten brechas en ámbitos como el empleo, la vivienda, los servicios básicos, las oportunidades económicas e, incluso, en la proporción de personas privadas de libertad. En el Instituto sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos (Raza e Igualdad) hemos documentado cómo estas desigualdades tienen un carácter estructural y reproducen condiciones históricas de exclusión.

Estas brechas, planteadas durante la revisión de Cuba ante el CERD en abril de este año, se evidenciaron en las observaciones finales de este órgano independiente divulgadas en mayo pasado.

Las mujeres y niñas afrodescendientes cubanas, por ejemplo, “enfrentan mayores obstáculos para acceder al mercado laboral, así como a oportunidades de participación y representación política… y se ven afectadas de manera desproporcionada por embarazos adolescentes y mortalidad materna. Además, preocupa la prevalencia de la violencia de género, incluidos los feminicidios”, señala uno de los apartados del informe del CERD. 

Desigualdad y falta de información

Por otra parte, en Raza e Igualdad hemos cuestionado las metodologías utilizadas para identificar a la población afrodescendiente y hemos señalado la necesidad de contar con información que permita visibilizar las desigualdades raciales. En su reciente revisión, el CERD consideró insuficientes las estadísticas disponibles para evaluar las condiciones de vida y el ejercicio de derechos de las personas afrodescendientes. Por ello, recomendó revisar la metodología estadística a partir de la autoidentificación, realizar un nuevo censo y publicar datos desagregados.

La desigualdad también se manifiesta en el ámbito de los derechos civiles y políticos. Según la Red en Defensa de los Derechos Humanos (RedDDHH), durante 2025 se registraron 3.511 acciones represivas que afectaron a 3.310 personas, de las cuales 1.842 eran afrodescendientes, equivalentes al 55,6 %. Esta organización también documentó una presencia significativa de personas afrodescendientes entre las víctimas de acciones represivas dentro de las prisiones.

Las protestas del 11 de julio de 2021, conocidas como 11J, también evidenciaron estas dinámicas. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha señalado que la desigualdad racial estuvo entre los factores asociados a las manifestaciones y que la represión afectó de manera desproporcionada a personas afrodescendientes.

El CERD, por su parte, expresó preocupación por denuncias de uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias y perfilamiento racial contra personas afrodescendientes, especialmente en el contexto de manifestaciones pacíficas. También manifestó preocupación por el acoso, las amenazas, la vigilancia, las restricciones de movimiento y la criminalización de activistas, periodistas, artistas y defensores de derechos humanos que trabajan contra la discriminación racial y en favor de los derechos de las personas afrodescendientes.

Una igualdad que todavía no es suficiente

Las conclusiones del CERD cuestionan la idea de que el racismo sea un problema superado en Cuba. El Comité reconoció que la población afrodescendiente continúa enfrentando racismo y discriminación estructural, vinculados al legado histórico de la esclavitud, que se expresan en la pobreza, la vulnerabilidad, la marginación, la sobrerrepresentación en la población penitenciaria y las brechas en el acceso al empleo, la vivienda y los servicios básicos.

El Comité también manifestó preocupación por la falta de información suficiente sobre la implementación, los resultados y el impacto del Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial, adoptado en 2019, así como por la necesidad de garantizar una participación amplia e inclusiva de las personas afrodescendientes y de sus organizaciones en las políticas destinadas a combatir la discriminación.

En el marco del Día Internacional de las Personas Afrodescendientes y del Segundo Decenio Internacional de los Afrodescendientes (2025-2034), en Raza e Igualdad manifestamos que combatir el racismo exige más que reconocer la igualdad ante la ley. Como ha señalado el CERD, Cuba debe adoptar medidas concretas para reducir la pobreza, la vulnerabilidad y la marginación de la población afrodescendiente, fortalecer la igualdad en el ámbito laboral, investigar las denuncias de perfilamiento racial y garantizar un espacio cívico seguro para quienes defienden sus derechos.



Luis Manuel Otero Alcántara: Del encarcelamiento al exilio forzado

Washington D. C., 18 de julio de 2026. El Instituto sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos (Raza e Igualdad) celebra que el artista y preso político cubano Luis Manuel Otero Alcántara haya recuperado su libertad tras cumplir injustamente una condena de cinco años de prisión por ejercer sus derechos fundamentales. Sin embargo, rechaza que esa libertad solo haya sido posible mediante su salida de Cuba como beneficiario del programa de parole humanitario. La llegada de Otero Alcántara a Miami (Estados Unidos), ocurrida este sábado 18 de julio, constituye un nuevo episodio de la práctica sistemática de exilio forzado utilizada por el régimen cubano contra quienes ejercen su derecho a la libertad de expresión y la defensa de los derechos humanos. Su salida de la Isla no representa un acto de libertad plena, sino la continuidad de una política represiva que busca silenciar las voces críticas mediante el destierro.

Durante años, Otero Alcántara se consolidó como una de las principales voces del arte independiente y de la defensa de los derechos humanos en Cuba. Fue cofundador del Movimiento San Isidro, un colectivo integrado por artistas, intelectuales y activistas que promueve la libertad artística y las libertades fundamentales en la Isla. Tras las históricas protestas del 11 de julio de 2021, fue detenido arbitrariamente. Incluso después de cumplir íntegramente su condena, las autoridades cubanas mantuvieron en secreto su paradero durante varios días, prolongando la incertidumbre sobre su situación antes de concretar su salida del país.

Hace apenas unos días, obras de Otero Alcántara integraron la exposición La prisión invisible: Artistas presos en Cuba, presentada en el Museo de Arte de las Américas (Washington D. C.) en colaboración con Raza e Igualdad y otras organizaciones aliadas. La muestra reunió obras de artistas encarcelados por motivos políticos para denunciar el impacto de la represión sobre la libertad de creación y expresión en Cuba y reafirmar el papel del arte como una forma de resistencia frente al autoritarismo.

«Celebramos que Luis Manuel Otero Alcántara haya recuperado su libertad después de cinco años de injusto encarcelamiento. Sin embargo, nadie debería verse obligado a abandonar su país para dejar atrás la prisión. El exilio forzado impuesto por el régimen cubano demuestra que el destierro sigue siendo una herramienta de represión contra quienes ejercen pacíficamente sus derechos fundamentales. Este caso evidencia, una vez más, la falta de libertades fundamentales y el cierre del espacio cívico en Cuba«, afirma Carlos Quesada, director Ejecutivo de Raza e Igualdad.

Lo sucedido con Otero Alcántara refleja una práctica sistemática de represión documentada por organizaciones cubanas e internacionales de derechos humanos. La criminalización de la disidencia, las detenciones arbitrarias, el hostigamiento, la vigilancia y el destierro son mecanismos utilizados para restringir el espacio cívico y silenciar a quienes ejercen y defienden sus derechos fundamentales.

Desde Raza e Igualdad celebramos que Luis Manuel Otero Alcántara haya recuperado su libertad, al tiempo que rechazamos el exilio forzado como una práctica represiva incompatible con las obligaciones internacionales en materia de derechos humanos. Exigimos al régimen autoritario de Cuba la liberación inmediata e incondicional de todas las personas privadas arbitrariamente de libertad por motivos políticos. Asimismo, instamos a la comunidad internacional a denunciar el exilio forzado como un mecanismo de persecución política y a mantener su atención sobre la profunda crisis de derechos humanos que atraviesa Cuba, exigiendo el cese de las violaciones sistemáticas contra quienes defienden pacíficamente la democracia, las libertades fundamentales y la dignidad humana.



A cinco años del 11J, exigimos que se reconozcan los derechos fundamentales en Cuba

Washington D. C., 10 de julio de 2026 – Este sábado 11 de julio se cumplen cinco años de las históricas protestas pacíficas del 11 de julio de 2021 en Cuba, más conocidas como 11J, una jornada en la que miles de personas salieron a las calles en las 15 provincias del país y el municipio especial Isla de la Juventud para exigir libertad, mejores condiciones de vida y el respeto de sus derechos fundamentales. Las manifestaciones surgieron en medio de una profunda crisis económica, social y sanitaria, agravada por la escasez de alimentos, medicamentos y servicios básicos, así como por las constantes restricciones a las libertades fundamentales.

De acuerdo con el informe Otro año sin justicia (2025), elaborado por la organización Justicia 11J, 1.597 personas fueron detenidas arbitrariamente en el contexto de las protestas del 11J y los días posteriores. La respuesta estatal estuvo marcada por detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, uso excesivo de la fuerza, cortes de internet, vigilancia, hostigamientos, procesos judiciales sin garantías y condenas desproporcionadas contra personas manifestantes, periodistas, artistas, activistas y defensoras de derechos humanos.

A cinco años de las manifestaciones, la crisis de derechos humanos en Cuba persiste y se ha profundizado. De acuerdo con registros de Justicia 11J, actualmente 823 personas permanecen privadas de libertad por motivos políticos o por haber participado en manifestaciones pacíficas (corte: 3 de julio). Entre ellas se encuentran los artistas Maykel Osorbo y Luis Manuel Otero Alcántara, cuyo paradero sigue sin conocerse. En el caso de Otero Alcántara, las autoridades cubanas lo trasladaron el pasado 7 de julio a un destino que hasta la fecha no ha sido informado oficialmente, pese a que su condena venció dos días después. Aunque el 9 de julio logró comunicarse con la activista Anamely Ramos, las autoridades continúan sin informar dónde se encuentra ni cuál es su situación jurídica. La falta de información oficial sobre este caso agrava la preocupación por su integridad, su seguridad y el respeto de sus derechos fundamentales.

Al mismo tiempo, el exilio y la migración de personas cubanas han aumentado de manera significativa en los últimos años, producto de la represión con la que el Estado respondió a las manifestaciones y la criminalización de las personas que participaron de ellas, reflejando además el deterioro de las condiciones económicas, sociales y políticas en la Isla. Muchas personas defensoras de derechos humanos, periodistas y activistas han sido forzadas al exilio debido al hostigamiento, la vigilancia y las amenazas constantes por parte de las autoridades cubanas. Entre ellas se encuentran Leticia Ramos, integrante de las Damas de Blanco, a quien el régimen cubano le impidió regresar a su país tras un viaje por motivos de salud, forzándola al destierro; Anamely Ramos, a quien las autoridades cubanas también le prohibieron reingresar al país mientras se encontraba en el extranjero, imponiéndole igualmente el destierro; y José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba, quien ha denunciado reiteradamente la persecución, el hostigamiento y las restricciones impuestas contra integrantes de la oposición y la sociedad civil independiente, y que finalmente fue forzado al exilio.

El panorama actual en Cuba continúa marcado por una profunda crisis social, económica y política. Los constantes apagones, que en distintas regiones del país superan las 20 horas diarias, la escasez de alimentos y medicamentos, el deterioro de los servicios públicos y el incremento de la pobreza han provocado nuevas expresiones de descontento social. Desde el 11J se han registrado miles de protestas pacíficas, cacerolazos y manifestaciones espontáneas en distintas ciudades del país, muchas de las cuales han sido reprimidas por las autoridades y han derivado en nuevas detenciones arbitrarias, actos de intimidación y procesos judiciales arbitrarios contra personas manifestantes.

Persisten las acciones de vigilancia, intimidación y criminalización contra voces críticas y personas defensoras de derechos humanos, mientras continúan las restricciones a las libertades de expresión, asociación y manifestación pacífica. A ello se suma un contexto de creciente presión internacional.

Organizaciones internacionales y de la sociedad civil independiente cubana exigimos al régimen autoritario que reconozca plenamente los derechos fundamentales en Cuba, impulse una verdadera democracia y dé inicio a un proceso de justicia transicional, liderado por un mecanismo independiente y en articulación con la sociedad civil independiente, que garantice la protección de las personas cubanas. Asimismo, exigimos el cese de la represión, la liberación de todas las personas arbitrariamente privadas de su libertad y la creación de condiciones que permitan que quienes se encuentran en el exilio puedan regresar a la Isla libremente, así como entrar y salir del país sin represalias ni restricciones arbitrarias.

Exigimos que las autoridades cubanas informen de inmediato sobre el paradero y el estado de salud de Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo, garanticen el respeto de sus derechos fundamentales y procedan a su liberación inmediata e incondicional. A cinco años del 11J, reafirmamos nuestro compromiso con la verdad, la memoria, la justicia y la defensa de los derechos humanos en Cuba, así como con el acompañamiento a las víctimas de la represión y sus familias.

En esta declaración suscriben:

  • Asociación Raíces de Esperanza en España.
  • CELIDE 
  • Center for a Free Cuba.
  • Ciudadanía y Libertad.
  • Civil Rights Defenders. 
  • Consejería Jurídica e Instrucción Cívica.
  • Consejo para la Transición Democrática en Cuba. 
  • Cubalex.
  • Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales (FLAMUR). 
  • Freedom House.
  • Instituto Internacional sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos.
  • Justicia 11J de Iniciativa para la Investigación y la Incidencia.
  • Mesa de Diálogo de la Juventud Cubana.
  • Museo de la Disidencia en Cuba.
  • Museo V.
  • Observatorio de Género de Alas Tensas.
  • Organización Arte en Espiral. 
  • PEN/ARC – Artists at Risk Connection.
  • Plataforma Femenina
  • Raíz Colectiva.
  • Red en Defensa de los Derechos Humanos.
  • Robert & Ethel Kennedy Human Rights Center.

Cuba y la noche, documental sobre la represión en la Isla, se estrena el sábado 11 de abril en el Festival de Cine de Miami

Washington D.C., 7 de abril de 2026 – Cuba y la noche (2026, 100 min.), primer largometraje documental del director y sonidista cubano Sergio Fernández Borrás, tendrá su estreno mundial en el 43° Festival de Cine de Miami (MFF, por sus siglas en inglés), que se celebrará del 9 al 19 de abril. La proyección está programada para el sábado 11 a las 5:45 p.m. en Silverspot Cinema, Room 13, donde además competirá por el Documentary Achievement Award.

La película llega en un momento clave para Cuba, marcado por el recrudecimiento de la represión estatal y el deterioro de las condiciones de vida en la Isla. En este contexto, Raza e Igualdad apoyó parte de la producción de este documental, reafirmando su compromiso con la promoción de los derechos humanos y la libertad de expresión. A través de una propuesta estética contundente y profundamente inmersiva, la obra construye una narrativa que sitúa en el centro la vigilancia, el hostigamiento y la criminalización de la disidencia.

Coproducida entre España (Free Media), Cuba (Uranio Films) y Colombia (Casatarantula), y distribuida por Habanero Films, la película está construida íntegramente con material de archivo compuesto por transmisiones en vivo de internet, grabaciones con teléfonos celulares y emisiones televisivas. Realizada a lo largo de cuatro años y concebida completamente en formato vertical, la obra apuesta por una estética coherente con los dispositivos desde los cuales se capturaron los hechos, lo que refuerza su carácter inmediato y testimonial. Este enfoque permite reconstruir, desde dentro y sin mediaciones, algunos de los episodios más significativos de la represión reciente en Cuba.

Entre ellos, el acoso y encarcelamiento del rapero Denis Solís en 2020; las acciones lideradas por el artista Luis Manuel Otero Alcántara y el Movimiento San Isidro en demanda de su liberación; así como el cerco policial contra este espacio de creación independiente. El documental también recoge los acontecimientos que se desencadenaron a partir de estos hechos, como la protesta del 27 de noviembre, las manifestaciones del 27 de enero y el estallido social del 11 de julio de 2021, además de los arrestos de figuras como Otero Alcántara y el músico Maykel Osorbo.

Lejos de adoptar un tono expositivo o didáctico, Fernández Borrás construye una experiencia sensorial que evita la cronología tradicional o el repaso historicista. El documental se articula como una sucesión de fragmentos que, en su conjunto, revelan la intensidad de la vigilancia estatal y la fragilidad de los espacios de libertad en la Isla.

“A través de ese archivo vivo, el filme retrata a una comunidad de artistas, activistas y ciudadanos que decidió decir basta frente al abuso del poder. Más que registrar un conflicto, Cuba y la noche aborda uno de los momentos más importantes de la historia reciente de Cuba: el inicio de un despertar cívico marcado por la dignidad, la fuerza de lo colectivo y la necesidad urgente de libertad”, afirma Sergio.

Uno de los aspectos más relevantes de Cuba y la noche es su capacidad para capturar la dimensión cotidiana de la represión. No se trata únicamente de grandes acontecimientos, sino de la persistente sensación de vigilancia, del miedo que atraviesa la vida diaria y de la resistencia que emerge en medio de ese contexto. La película se sitúa así en un cruce entre el cine político y el archivo vivo, donde las imágenes no solo documentan, sino que también interpelan.

El estreno de Cuba y la noche en el Festival de Cine de Miami no solo representa un hito para el cine documental latinoamericano, sino también una oportunidad para amplificar las voces de quienes han sido silenciados dentro de la Isla. En un contexto en el que la censura y la persecución limitan gravemente el ejercicio de las libertades fundamentales, el cine se convierte en una herramienta poderosa para la memoria, la denuncia y la justicia.

Raza e Igualdad celebra la proyección de este documental, que retrata la represión en la Isla, la cual ha empeorado considerablemente en los últimos meses a raíz de los apagones, la escasez de alimentos y medicamentos y el creciente descontento social. Desde Raza e Igualdad continuamos monitoreando la situación en la Isla y denunciando la profunda crisis que atraviesa el país, reiterando nuestro llamado a la comunidad internacional para que mantenga su atención sobre Cuba y exija el respeto pleno de los derechos humanos.



Activistas de Cuba, Nicaragua y Venezuela denuncian ante la CIDH la represión transnacional que enfrentan en el exilio

Ciudad de Guatemala, 16 de marzo de 2025. La represión transnacional ejercida por las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela es una realidad. Así quedó evidenciado durante la audiencia regional ‘Situación de represión transnacional’, celebrada el pasado jueves 12 de marzo en el Hotel Intercontinental de Ciudad de Guatemala, en el marco del 195° período de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

El Instituto sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos (Raza e Igualdad), Cubalex, la Asociación Unidad de Defensa Jurídica, Registro y Memoria por Nicaragua, la Organización Mundial contra la Tortura y el Museo Virtual contra la Violencia de Género en Cuba, participaron en este espacio de diálogo acompañando a tres activistas de estos países que han enfrentado actos de represión transnacional en el exilio: la cubana Kirenia Yalit Núñez, directora de la Mesa de Diálogo de la Juventud Cubana; la nicaragüense Claudia Vargas, viuda del activista Roberto Samcam e integrante de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano; y el venezolano Luis Peche, director de la organización Sala 58. Durante la audiencia denunciaron asesinatos, intentos de homicidio, persecución y asedio en los países de acogida, donde se han exiliado tras ser víctimas de represión por parte de los regímenes autoritarios de sus países de origen.

Claudia Vargas advirtió que el régimen nicaragüense continúa persiguiendo a personas opositoras incluso fuera de su territorio. “La persecución del régimen no termina cuando cruzamos la frontera. Al contrario, se transforma, se extiende y nos alcanza hasta donde buscamos refugio”, señaló. También denunció la privación arbitraria de la nacionalidad a más de 450 personas, lo que ha implicado la anulación de documentos, registros académicos, pensiones y propiedades.

Asimismo, recordó que ya se han documentado al menos cinco asesinatos de opositores nicaragüenses en el exilio, entre ellos el del campesino Jaime Luis Ortega en Costa Rica en 2024 y el de su esposo, Roberto Samcam, exmayor del Ejército de Nicaragua y analista político asesinado en San José en junio de 2025. “Su asesinato representó un mensaje dirigido al exilio: un intento de silenciamiento y una demostración de poder más allá de las fronteras”, afirmó.

“Frente a este grave problema, es urgente que los Estados de la región, especialmente los receptores, reconozcan la lucha contra esta forma de persecución como parte de sus obligaciones internacionales de protección”, agregó Vargas.

Por su parte, Luis Peche explicó que debió salir de Venezuela en 2025 tras el aumento de la persecución política posterior al proceso electoral. El activista denunció que fue víctima de un intento de asesinato en Bogotá en octubre del año pasado, cuando hombres armados dispararon contra él y contra el defensor de derechos humanos Yendri Velásquez. Peche recibió seis impactos de bala y Velásquez ocho. Ambos sobrevivieron al ataque y actualmente se encuentran fuera de peligro. “Este temor no es abstracto; es concreto y persistente. Forma parte de un patrón regional de represión transnacional que busca silenciar a quienes denunciamos”, afirmó.

Desde Cuba, Kirenia Yalit Núñez denunció que el régimen cubano ha desarrollado mecanismos de persecución extraterritorial contra activistas y periodistas en el exilio. La activista relató que ha enfrentado numerosos incidentes de hostigamiento en distintos países, incluidos actos de intimidación, vigilancia y obstáculos migratorios. “El régimen cubano proyecta su intimidación más allá de sus fronteras para silenciar a quienes continuamos denunciando violaciones de derechos humanos desde el exilio”, señaló.

Durante la audiencia también participó la abogada cubana Laritza Diversent, directora de la organización Cubalex, quien advirtió que la represión transnacional busca silenciar a las voces críticas incluso fuera de sus países de origen. Diversent instó a la CIDH a reconocer y monitorear este fenómeno de manera sistemática, fortalecer los mecanismos de protección para personas exiliadas, especialmente en países de acogida como Costa Rica, Colombia y Estados Unidos, y promover respuestas regionales coordinadas frente a la expansión extraterritorial de la persecución política. Asimismo, pidió que la Comisión, como ya lo ha hecho en otros países de la región, establezca un mecanismo específico para monitorear la crisis humanitaria y las graves violaciones a los derechos humanos en Cuba, con el fin de documentar estos patrones y fortalecer los mecanismos internacionales de rendición de cuentas.

Durante la audiencia participaron por primera vez de manera conjunta el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN) y la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela. Estos organismos señalaron que la represión transnacional es un fenómeno real que afecta a personas opositoras y defensoras de derechos humanos provenientes de Nicaragua y Venezuela, y subrayaron la importancia de continuar investigando y documentando estos patrones de persecución más allá de las fronteras nacionales.

Desde Raza e Igualdad continuaremos monitoreando y denunciando las violaciones a los derechos humanos que sufren activistas y personas defensoras provenientes de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Reiteramos la necesidad de que los Estados de la región fortalezcan las medidas de protección para personas exiliadas y garanticen investigaciones efectivas frente a los actos de persecución transnacional, así como respuestas regionales coordinadas frente a este fenómeno.

 

El manifiesto colectivo de seis mujeres activistas de América Latina y el Caribe

Washington D.C., 6 de marzo de 2026 – El pasado 19 de febrero, seis mujeres activistas de Brasil, Colombia, Cuba, México y República Dominicana se reunieron en un encuentro virtual que, desde Raza e Igualdad, llamamos ‘Cuando las mujeres crean, la memoria resiste’. Durante una hora y treinta minutos compartieron quiénes eran, desde dónde luchan y qué realidades atraviesan sus territorios. De ese intercambio nació un manifiesto colectivo que hoy cobra especial sentido en el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

En este espacio participaron Eva Rafaela Calça, de la Rede Trans Assis de Sao Paulo, Brasil; Andrea Ceballos, de la Organización Indígena del Territorio Pasto, en Colombia; María Camila Zúñiga, del Movimiento de Mujeres Unidas, Diversas y Emancipadas (Mude), también de Colombia; Lourdes Esquivel, integrante de la organización Damas de Blanco de Cuba; Daniela Islas, del colectivo Afrocaracolas de México; y Estefany Feliz Pérez, del movimiento de jóvenes Reconoci.Do de República Dominicana. Para muchas de ellas, fue la primera vez que compartían un espacio común entre luchas tan diversas, pero atravesadas por una misma urgencia: la dignidad.

El ejercicio culminó con la escritura de un manifiesto que recoge su voz colectiva y sus principales demandas:

“Nosotras las mujeres de América Latina y el Caribe nos unimos en un grito poderoso para exigir igualdad y justicia. El amor y la fuerza es lo que nos sostiene en esta lucha diaria.
Desde el ayer y el hoy reconocemos la fuerza y determinación de nuestra historia. Somos motor. Somos tesoros del mundo.
Luchamos por sentirnos seguras y en igualdad, siendo reconocidas y tratadas con dignidad, desde una mirada antirracista y decolonial.
¡Hoy y siempre exigimos respeto y libertad en todos los espacios!”

Ese llamado no surge en el vacío. América Latina y el Caribe continúa marcada por una violencia estructural contra las mujeres. En los últimos cinco años, al menos 19.254 feminicidios han sido registrados en la región, según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (OIG) de la CEPAL. En la mayoría de los casos, las muertes violentas son perpetradas por parejas o exparejas, lo que demuestra que la violencia de género sigue instalada en los espacios más cotidianos.

Violencia feminicida en la región

Brasil encabeza las cifras más alarmantes. En 2025 registró 1.470 feminicidios, el número más alto de la última década, un promedio de cuatro mujeres asesinadas por día, de acuerdo con datos del Ministerio de Justicia. En ese contexto, Eva Rafaela Calça insistió en que la violencia no se limita al asesinato: también se expresa en la exclusión y la sobrecarga. Para ella, es urgente “un espacio público que valore a la niñez como una responsabilidad de toda la sociedad, y no solo de la madre”, porque muchas veces “la madre queda sobrecargada”, y también políticas que amplíen oportunidades de trabajo para mujeres trans “más allá de la informalidad y la prostitución”. Su reflexión conecta la violencia feminicida con la falta de políticas de cuidado y con la marginación estructural de las mujeres trans.

En Colombia, donde el Observatorio Colombiano de Feminicidios reportó 973 casos en 2025, la impunidad sigue siendo una herida abierta. María Camila Zúñiga recordó que, además de exigir justicia frente a los asesinatos, es fundamental que “reconozcan el trabajo que hacen las mujeres con las infancias, desde los territorios”, y que se dignifiquen sus vidas. “Sabemos que, cuando una mujer es asesinada, la justicia no siempre llega”, agregó.

En México, donde el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública registró 721 feminicidios en 2025, la violencia se entrelaza con el racismo estructural. Daniela Islas advirtió que para las mujeres afromexicanas la urgencia pasa también por el reconocimiento: “lo que más nos urge es el reconocimiento de nuestros derechos, que haya más políticas públicas para las mujeres afromexicanas, donde se nos garantice la atención médica”. Ella también se refirió a lo que más anhela: “Imaginamos un mundo sin racismo, sin discriminación, donde nuestros derechos como mujeres afromexicanas se reconozcan y se protejan”. La violencia de género, en su territorio, no puede separarse de la discriminación racial.

En Cuba, organizaciones independientes como el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT) y Yo Sí Te Creo en Cuba (YSTCC) registraron 48 feminicidios en 2025 y advierten que estos crímenes son el desenlace de violencias prolongadas. Lourdes Esquivel lo expresó desde la crudeza de su realidad: “En Cuba a las mujeres nos violan todos los derechos. Nos encarcelan a los hijos, nos los matan, nos golpean. Pasamos hambre. Hay niños que no tienen nada que comer”. Su testimonio recordó que la violencia también se manifiesta en el hambre, la represión y el dolor cotidiano.

En República Dominicana, donde se registraron 59 asesinatos de mujeres el año pasado (de acuerdo con la Fundación Vida Sin Violencia), las cifras conviven con políticas y prácticas que afectan especialmente a mujeres migrantes y de ascendencia haitiana. Estefany Feliz Pérez denunció que, si no cuentan con documentos de identidad, “no reciben asistencia a la salud, y tampoco pueden estudiar”, y que existe “una persecución contra las mujeres haitianas y las dominicanas de ascendencia haitiana” que incluso implica detenciones arbitrarias y pagos indebidos. 

A nivel global, las mujeres tienen solo el 64% de los derechos legales que tienen los hombres, según ONU Mujeres. De mantenerse el ritmo actual, cerrar las brechas podría tomar siglos. Frente a este panorama, el encuentro virtual del 19 de febrero fue más que un espacio simbólico: fue una apuesta por la articulación regional.

Este manifiesto también es la prueba de que es posible construir acuerdos en la diversidad. Seis mujeres de contextos distintos, con historias y luchas propias, lograron encontrarse sin haberse conocido antes, escucharse con atención y reconocerse en sus diferencias. En este ejercicio de diálogo honesto y respetuoso identificaron necesidades comunes y tejieron una voz colectiva. Este espacio virtual no solo permitió compartir denuncias, sino también demostrar que la articulación regional es una herramienta poderosa cuando se basa en la escucha, el respeto y la conciencia de que ninguna lucha está aislada.

Desde Raza e Igualdad reafirmamos nuestro compromiso de dar voz a quienes resisten desde los territorios y de acompañar sus demandas. Porque cuando las mujeres crean juntas, la memoria resiste; y cuando la memoria resiste, también se construye futuro.



La sociedad civil independiente de Cuba, lista para la transición democrática

Hace más de una década, hemos tenido la suerte de trabajar con la sociedad civil independiente de Cuba. Hemos sido testigos de su compromiso con los derechos humanos, su dedicación a documentar las violaciones que se producen en el país y su valentía al denunciarlas. Hemos sido testigos, a través de mensajes urgentes y llamadas que han dado lugar a la intervención de nuestro equipo jurídico, de detenciones arbitrarias, juicios sumarios, vigilancia, acoso, redadas, exilio forzoso y, más recientemente, apagones y escasez de alimentos y medicamentos. También hemos sufrido los efectos negativos de este trabajo: ataques personales e institucionales, así como el escepticismo de antiguos aliados que han cuestionado nuestra labor en materia de derechos humanos, debido a nuestro trabajo de sacar a la luz la realidad cubana.

Como organización dedicada al desarrollo de capacidades, hemos formado a activistas independientes dentro y fuera de la isla sobre la participación de la sociedad civil en los mecanismos de protección de los derechos humanos. Mediante la documentación sistemática de las violaciones de los derechos humanos —analizadas de acuerdo con las normas jurídicas internacionales a las que se ha adherido el Estado cubano—, les hemos ayudado a denunciar casos de tortura, desapariciones forzadas, censura y discriminación ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y los órganos creados en virtud de tratados y procedimientos especiales de las Naciones Unidas. Al abogar por el cumplimiento por parte de Cuba de sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, nuestros socios llevan años sentando las bases para la transición democrática. Su trabajo no es meramente de oposición, sino de preparación para la gobernanza.

Mientras Washington y La Habana negocian el futuro de la nación insular, no debe pasarse por alto el trabajo, la dedicación y la perseverancia de los activistas, periodistas y artistas independientes que, tanto en la isla como en el exilio, luchan por los derechos humanos y promueven los ideales democráticos. Son ellos quienes han recopilado y difundido las pruebas de las atrocidades cometidas por el régimen cubano, y esta documentación debería constituir un elemento clave de cualquier futura transición gubernamental. Mientras el Gobierno cubano ha mantenido una fachada monolítica, una sociedad civil independiente, diversa y resistente ha ido construyendo silenciosamente desde cero la arquitectura de una sociedad libre. El futuro de Cuba no puede concebirse sin ellos.

La comunidad internacional ha reconocido que en cualquier proceso de justicia transicional deben tenerse en cuenta cinco elementos: la verdad, la justicia, la memoria, la reparación y las garantías de no repetición. No es posible lograr ninguno de ellos sin registros de lo que ocurrió durante la era antidemocrática, y los defensores de los derechos humanos cubanos ya se han estado preparando para ello: periodistas independientes rompen el monopolio estatal de la información (verdad); abogados independientes presentan recursos de hábeas corpus ante los tribunales cubanos y casos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (justicia); activistas documentan los patrones de abusos cometidos por agentes estatales (memoria); los grupos comunitarios prestan ayuda donde el Estado falla (reparación), y organizaciones como la nuestra proporcionan las herramientas para fomentar el diálogo cívico y las normas democráticas (no repetición).

La preparación más profunda radica en el compromiso con el registro histórico. Al crear bases de datos sobre violaciones de los derechos humanos y preservar el testimonio de las víctimas, los grupos independientes están evitando el «borrado» que suele producirse tras los regímenes autoritarios. Entienden que no se puede haber justicia sin un registro del delito, y que no se puede garantizar que no se repita si se permite que la historia del pasado desaparezca en los archivos estatales. No se trata solo de una protesta, sino del trabajo administrativo fundamental necesario para restaurar el estado de derecho.

La comunidad internacional debe dejar de ver a Cuba como un receptor pasivo de la historia. Las bases para una transición democrática —el capital humano, las teorías jurídicas y el coraje cívico— ya están sentadas. La transición no será un regalo impuesto desde arriba, sino el reconocimiento formal de una realidad que la sociedad civil independiente lleva décadas viviendo. Los cubanos no están esperando a que les entreguen la democracia, sino que la han estado construyendo, ladrillo a ladrillo, frente a una inmensa adversidad. Es hora de que el mundo empiece a prestar atención a los cimientos que han sentado.

Pronunciamiento escrito por:

Carlos Quesada, Director Ejecutivo

Christina M. Fetterhoff, Directora de Programas

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Régimen autoritario de Cuba destierra a la activista cubana Leticia Ramos, integrante de las Damas de Blanco

Washington D.C., 10 de febrero de 2025 – Este lunes 9 de febrero, el régimen autoritario de Cuba impidió el ingreso al país de la activista cubana Leticia Ramos, integrante del movimiento Damas de Blanco, forzándola al destierro. Ramos viajó desde Estados Unidos a Cuba, pero una vez en el país las autoridades le negaron reunirse con su familia, retuvieron su equipaje y le ordenaron regresar, viéndose obligada a volver a Miami.

El pasado mes de enero, durante una entrevista concedida a Raza e Igualdad, Ramos expresó su temor de que el régimen cubano le negara el retorno a la Isla tras viajar a Estados Unidos para recibir tratamiento médico, una práctica sistemática utilizada para silenciar, castigar y forzar al exilio a personas activistas. Ese temor se hizo realidad el día de ayer. Desde el Instituto la acompañamos y asumimos su representación en este proceso, del mismo modo que hemos brindado acompañamiento a las integrantes de las Damas de Blanco ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo que desde octubre de 2013 otorgó medidas cautelares “para preservar la vida y la integridad personal” de las mujeres que conforman el colectivo.

Entre la resistencia y la represión

Leticia Ramos forma parte de las Damas de Blanco desde 2004, cuando se incorporó como Dama de apoyo, acompañando a mujeres cuyos familiares fueron encarcelados durante la Primavera Negra de 2003. Desde entonces, ha participado de manera sostenida en acciones pacíficas, como la asistencia a misa vestidas de blanco y con flores, para exigir la liberación de personas privadas de la libertad por motivos políticos en Cuba.

Tras la muerte en “extrañas condiciones” de Laura Pollán, fundadora del movimiento, en 2011, Leticia fue elegida coordinadora del grupo de Damas de Blanco en la provincia de Matanzas. A partir de ese momento, el hostigamiento estatal se intensificó, incluyendo golpizas, amenazas, vigilancia permanente, detenciones arbitrarias y restricciones a su derecho a la libre circulación. Durante casi nueve años permaneció regulada, sin poder salir del país.

Las represalias también alcanzaron a su entorno familiar. Ramos es madre de dos hijos: uno que reside en Estados Unidos y otro, Randy Montes de Oca Ramos, que vive en Cuba y ha sido víctima de persecución, detenciones y procesos penales basados en acusaciones falsas, como mecanismo de presión para forzar a su madre a abandonar el activismo. En 2018, Randy cumplió una condena de seis meses de prisión domiciliaria tras protestas públicas realizadas por Leticia.

Entre 2013 y 2018, Ramos fue detenida en múltiples ocasiones, llegando a ser privada de la libertad hasta cuatro veces en una misma semana. Intentó documentar estos hechos, pero la información se perdió tras allanamientos a su vivienda en 2016, 2018 y 2019, durante los cuales agentes estatales confiscaron materiales de trabajo, dispositivos electrónicos y objetos vinculados a su activismo.

Durante las protestas del 11 de julio de 2021, Leticia decidió manifestarse en Cárdenas pese a atravesar, junto a su familia, un grave cuadro de COVID-19. En ese contexto, recordó que fue posible percibir “el miedo del régimen frente a un pueblo desarmado, pero decidido a alcanzar su libertad”.

El destierro de Leticia Ramos se inscribe en un patrón de prácticas represivas utilizadas por el régimen cubano para castigar a quienes defienden los derechos humanos, mediante el exilio forzado, la separación familiar y la intimidación constante.

Desde Raza e Igualdad reconocemos la trayectoria, la valentía y la resistencia de Leticia Ramos, y reiteramos nuestro compromiso de acompañarla y denunciar esta grave violación a sus derechos humanos, así como la estrategia de silenciamiento ejercida contra activistas en Cuba.



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